Hace seis años, la NASA impulsó un proyecto que podría revolucionar la medicina moderna. Se trató del Vascular Tissue Challenge, una competición que buscaba acelerar la investigación que llevara a crear órganos artificiales. Hace pocos días, la agencia nombró a dos equipos finalistas. Este nombramiento representa un gran avance en dos vías: por un lado, ayudará en el campo de la medicina regenerativa; por el otro, podría ayudar a los astronautas en sus misiones en el espacio profundo.

La competencia Vascular Tissue Challenge buscaba lograr avances importantes en la regeneración del tejido y el trasplante de órganos. El desafío requería que los equipos crearan tejido grueso y vascularizado de órganos humanos. Este debía sobrevivir 30 días. Tras seis años de espera, los equipos finalistas fueron dos: Winston y WFRIM, ambos pertenecientes al Wake Forest Institute for Regenerative Medicine.

Los trabajos finalistas

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Los dos equipos quedaron finalistas por sus distintas técnicas de impresión 3D. Ambos equipos lograron crear tejidos de hígado humano cultivados en laboratorio. Los tejidos fueron lo suficientemente fuertes para sobrevivir más de 30 días, y funcionar como lo haría un órgano humano.

El líder del equipo de WFIRM y director del instituto, Anthony Atala, explicó: «Teníamos dos enfoques diferentes porque, cuando se observan los tejidos y la vascularización, se ve que el cuerpo hace dos cosas principales».

¿En qué varían los enfoques de ambos equipos? En la forma en que se consigue la vascularización; es decir, el cómo se forman los vasos sanguíneos. Ambos equipos usaron la impresión en 3D, pero un equipo utilizó estructuras tubulares; el otro usó estructuras de tejido esponjoso para entregar nutrientes celulares y eliminar los desechos.

De esta forma, ambos equipos, con el uso de tecnología, lograron construir un tejido en forma de cubo con cerca de un centímetro de grosor. Este fragmento, además, pudo sobrevivir durante 30 días en un laboratorio. Sin embargo, el desafío no termina aquí. De hecho, lo más difícil está por venir. Ahora deberán lograr que los tejidos mantengan su función durante más tiempo.

Finalmente, el equipo de Winston fue declarado el ganador, al lograr crear el tejido en menor tiempo. El premio recibido fue de 300 000 USD y la oportunidad de enviar su investigación a la Estación Espacial Internacional. Cabe destacar que allí ya se han realizado estudios similares.

El Laboratorio Nacional de EE. UU. de la EEI trabajará con el equipo Winston para adaptar la estrategia ganadora para el espacio. Si la investigación llega a la estación, la combinación de vasculatura mejorada y microgravedad podría producir el próximo conjunto de avances para la ingeniería de tejidos en la Tierra y la biofabricación en el espacio.

¿Por qué es importante este proyecto para la NASA?

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Como mencionamos antes, este proyecto no solo beneficia a las miles de personas en el mundo que esperan un trasplante. También podrá ser un hito en la exploración espacial, sobre todo en miras a la exploración del espacio profundo.

«No puedo exagerar lo impresionante que es este logro. Cuando la NASA comenzó este desafío en 2016, no estábamos seguros de que hubiera un ganador», dijo Jim Reuter, administrador asociado de la NASA para tecnología espacial. «Será excepcional escuchar sobre el primer trasplante de órganos artificiales algún día y pensar que este nuevo desafío de la NASA podría haber jugado un pequeño papel para que esto sucediera».

Estas investigaciones permitirían el crecimiento y supervivencia de tejidos gruesos tridimensionales, seguido por la investigación de aplicaciones terapéuticas y reemplazos de órganos.

En el espacio, los modelos podrían usarse para estudiar cómo la exposición a la radiación afecta el cuerpo humano; documentar la función de los órganos en microgravedad; y desarrollar estrategias para minimizar el daño a las células sanas mientras viven o trabajan en el espacio. La microgravedad también puede facilitar la creación de tejidos de ingeniería aún más grandes y complejos. Incluso, podrían verse y funcionar más como los del cuerpo humano, en comparación con los tejidos construidos en la Tierra.

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