Uno de los grandes problemas de la Tierra son los residuos. Miles de millones de basuras se producen anualmente en el mundo hasta convertirse en un conflicto general. A pesar de algunas apuestas por el reciclaje, reutilización o transformación, nadie sabe realmente qué hacer con la basura. Esta situación ya no es exclusiva de nuestra superficie planetaria. Según el síndrome de Kessler, nuestra órbita baja presenta el mismo problema, lo que podría generar un escenario apocalíptico para la exploración espacial.

En la actualidad, todos los que quieran poner un satélite en el espacio, podrán hacerlo. Por lo tanto, el número de satélites espaciales crecen cada día. Sin embargo, estos satélites no funcionan eternamente y, una vez su periodo útil termina, se convierten en basura espacial, flotando eternamente en el espacio. Este escenario fue estudiado por primera vez desde 1991 por el consultor de la NASA, Donald J. Kessler, en cuyo honor se bautizó este fenómeno con el nombre «síndrome de Kessler». En Futuro Eléctrico te explicamos en qué consiste.

¿Qué es el síndrome de Kessler?

El síndrome de Kessler hace referencia a un momento en el futuro en el que la basura espacial sea tanta que los objetos espaciales serán impactados por escombros. La situación es la siguiente: la basura espacial será tan alta que podría chocar con otros objetos en órbita. Este choque generaría aún más basura que incrementaría las posibilidades de generar más choques con otros objetos.

Se convertiría en un efecto dominó que podría imposibilitar la exploración espacial en el futuro. A medida que crece el número de satélites en órbita y los existentes se vuelven más viejos, aumentan las posibilidades de sufrir el síndrome de Kessler. Esto se debe a que los satélites que ya no están en funcionamiento no tienen combustible. Sin combustible no podrán moverse al acercarse a algún trozo de basura, lo que hace al choque inevitable. Y en el caso de que choquen dos objetos de masa importante, crece exponencialmente la basura espacial. Cada pedazo tiene el potencial de dañar a otros objetos en la órbita.

Con un choque entre dos objetos de gran tamaño, la cantidad de basura generada sería tan grande que podría hacer que desde la Tierra sea imposible lanzar nuevos satélites o naves sin producir accidentes. La órbita baja del planeta quedaría inutilizable.

Cabe recordar que en la órbita baja operan actualmente la Estación Espacial Internacional y miles de satélites. Las consecuencias de este escenario son variadas y van desde la imposibilidad de realizar vuelos espaciales a la interrupción de las comunicaciones globales. Las consecuencias también incluirían la inhabilitación de los sistemas GPS, los satélites meteorológicos y sistemas de navegación marítima.

El problema de la basura espacial

Según la Agencia Espacial Europea (ESA), hay alrededor de 129 millones de fragmentos de residuos alrededor de la Tierra. Cerca de los 34 mil de estos desechos miden entre 10 cm y 1 m; 5 400 piezas miden más de un metro y 900 000 entre 1 y 10 cm.

Por otra parte, el astrofísico Jonathan McDowell estima que hay cerca de 7 200 toneladas de basura espacial provenientes de restos de sondas y cohetes. No obstante, el 75 % de los desechos no están identificados. Se ubican en órbita geosíncrona, donde se encuentran, también los satélites de telecomunicaciones.

Como si fuera poco, el año pasado, se incrementó la probabilidad de un impacto de basura espacial. Esto fue consecuencia de la misión Shakti, un ensayo antimisiles realizado por la India. Como consecuencia, la Estación Espacial Internacional estuvo en alerta y la posibilidad de impacto creció en un 5 %.

Durante las últimas dos décadas, ha habido un promedio de 12 fragmentaciones accidentales al año. La tendencia es creciente e incluye colisiones, explosiones, problemas eléctricos o desprendimiento de objetos. Las mayores contribuidoras a los eventos de fragmentación son las explosiones.

De hecho, en 2020, dos grandes satélites fuera de uso, el telescopio IRAS, lanzado en 1983 y un satélite militar de 1967, estuvieron a punto de chocar. En el mismo periodo, la Estación Espacial Internacional ha tenido que realizar tres maniobras de emergencia para evitar una colisión que desencadene en el síndrome de Kessler.

Una solución no tan clara al síndrome de Kessler

Estación Espacial Internacional

La basura espacial viaja a velocidades muy altas, tiene un gran número y tamaños muy variados. Todo esto hace muy difícil diseñar misiones específicas para recogerlas o sacarlas de órbita. Es probable que todos los fragmentos de basura eventualmente se quemen debido a la resistencia del aire en la alta atmósfera. Pero esto podría tomar cientos o miles de años.

Algunos satélites pueden ser desechados de forma segura al final de su vida útil. Se puede lograr por medio de un reingreso controlado en la atmósfera o enviándolas a una «órbita cementerio». Sin embargo, este tipo de estrategias no han impedido nuevos eventos de fragmentación.

Por otra parte, las diferentes agencias espaciales están trabajando en soluciones para evitar el síndrome de Kessler. La NASA, por ejemplo, está desarrollando un dispositivo que ayude a recolectar y eliminar los desechos esparcidos en el espacio. El dispositivo tendrá el nombre de Captura y Eliminación de Buques Obsoletos, OSCAR por sus siglas en inglés. Oscar llevará redes y amarres a bordo y funcionará con una guía mínima de controladores terrestres.

Por su parte, la ESA tiene un proyecto para construir un basurero espacial que pueda recolectar los desechos. La prueba de este proyecto tendrá lugar en 2025.

Palabras finales

El síndrome de Kessler no es solo una posibilidad; es una situación probable que cada año gana más urgencia. Con el aumento de satélites y esfuerzos por la exploración espacial, también se genera un escenario contraproducente. Para lograr nuestras metas y desarrollo, los satélites, estaciones espaciales y otras herramientas se vuelven indispensables.

La llegada de nuevos actores requiere que ellos también implementen sus propios instrumentos. Y aunque esto podría representar un enorme avance en nuestros esfuerzos por conquistar —o al menos entender— el espacio, también es una amenaza para los mismos proyectos. En los últimos años se ha hecho más clara la urgencia por encontrar una respuesta a este dilema. Los científicos han hecho un llamado para empezar a atender este problema, que podría afectar más que nuestro deseo de explorar.

Sin embargo, lo que es claro es que no será por medio de esfuerzos individuales que se resuelva. Al igual que con los desechos terrestres, las basuras espaciales requieren un trabajo conjunto. Deben ser trabajo, soluciones y acuerdos comunes internacionales y entre instituciones públicas y privadas que garanticen que todos hagan un uso óptimo del espacio y todos aporten a su seguridad.

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